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Día 5 del viajante del Ojo Web: en la playa Las Conchillas

RÍO TERCERO / EL DIARIO DE UN VIAJE / DÍA 5 /  MARTÍN EL VIAJERO DEL OJO WEB / Mi día comenzó bastante irritante con los bichitos picadores, pero contento por las fotos que había tomado. Acomodé mi auto y partí para San Antonio Este, un poblado muy pequeño a unos 50 km. de mi primera noche. FOTO TAPA: DUNAS DE PLAYAS LAS CONCHILLAS.

 

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Antes de llegar al pueblo, se encuentra la famosa Playa las Conchillas, como su nombre lo indica, es una playa plagada de conchillas y de nómades.

A lo largo de toda la costa estaban ubicadas casillas rodantes, motorhome, carpas y algún que otro loco durmiendo en el auto. Ocupé una porción de tierra y preparé el desayuno. Luego de acomodar un poco mi casita (esto lo van a leer a menudo, porque uno mueve tres cosas y mi auto ya es un lío), caminé hacia el mar en el momento perfecto para buscar ostras, en marea baja.

Tomé algún que otro crustáceo que me llamó la atención, fotografié gaviotas y osteros y partí para el pueblo, que según leí anteriormente, poseía una lobera y una playa paradisíaca.

 

 

Me gustó ver los lobos marinos cerca, pero no era suficiente, necesitaba presenciarlos desde más cerca, así que mis ganas por visitar Península Valdés, aumentaron.

Volviendo hacia el pueblo, empecé a sentir hambre, pero me llamó la atención una pequeña arboleda ubicada en unas dunas, por lo que mi emoción opacó rápidamente el hambre y decidí trepar esas montañas de arena y poder hacer fotos con mi bagual (hamaca paraguaya).

 

FOTO PRODUCIDA. Se reirían si hubiese grabado todo lo que corrí para figurar en las fotos que tomé en las dunas. Llevé el trípode e intenté muchas veces hasta que por fin, logré la foto que buscaba.

 

 

 

Luego de unas horas volví al pueblo, donde compré algunos vegetales y me hice una comida, que se podría decir, sana.  Dormí una siesta bajo la sombra de un árbol y partí hacia la playa Perdices, el paraíso de la provincia.

Mi impresión no fue nada buena, en la entrada el olor a pescado era bastante fuerte, ya que el puerto se encontraba a metros.

 

 

El viento era intenso, por lo que el mar estaba picado y la costa estaba repleta de algas rojas que se mezclaban con el color turqueza del agua. A decir verdad, quizá no fue el mejor momento para llevarme la impresión del paraíso, pero es una playa que visitaría solo una vez.

Volví por la tarde a una estación de servicio en cercanías a la ruta 3 para editar mis cientos de fotos y encarar mi segunda noche solitaria en ese mismo sitio.

 

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