sábado , mayo 8 2021
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«Era momento de la verdadera aventura»

POR MARTIN MASSITTI / EL VIAJERO DEL OJOWEB / Cristian, un instagramer que tiene una página en dicha red social donde sus fotos de Ushuaia, me consiguió dos excursiones para asistir como fotógrafo y generar contenido para las empresas. FOTO TAPA: Caminos rurales al cotado del lago Fagnano.

 

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La primera empezó cerca de las 9 de la mañana, cuando los chicos de AntarTur pasaron por la gasolinera a buscarme. Estuvimos una hora esperando en la entrada de la ciudad, ya que el personal del control de ingreso no permitía el paso del vehículo, pese a que estaba todo en regla y hacia pocos días ellos mismos habían habilitado.

El nivel de idiotez humana no deja de superar los límites. Cerca de las 11 de la mañana, nos adentramos en el lago escondido para hacer canotaje.

 

 

El miedo de mojar la cámara no dejaba de susurrarme al oído, pero David (un guía que hacía varios años hacia este tipo de travesías) me dijo que se iba a encargar de que no le sucediera nada. Navegamos cerca de 20 minutos, prácticamente en círculos, para disfrutar la panorámica desde el centro de la laguna.

Era momento de la verdadera aventura, el viaje en 4×4. Como fotógrafo del día tenía ciertos privilegios, ya que podía decidir en qué momento frenar los vehículos para tomar fotos. Estaba en mi salsa.

Ayudó también el hecho de que David, Corcho y Ariel (los tres guías) eran amables y muy compinches, por lo que disfrutaban en cada parada para filmar. Nunca había trabajado en turismo aventura como fotógrafo. Si bien he vendido fotos, he hecho algún que otro book y foto producto, nunca trabajé en este rubro.

 

 

La combinación paisaje-aventura me voló la cabeza y logré hacer excelentes fotos. Lo mejor de todo, es que las indicaciones de las fotos fueron que mostrara mi estilo y eso me dejo relajado.

Lo que me tenía intranquilo era que, como era primerizo en este tipo de actividad, olvidé equipar mi mochila con los cargadores de batería por si me excedía en la cantidad de fotos. Vi aproximadamente unas cien veces el nivel de batería que, gracias a dios el porcentaje no bajo, hasta que por fin llegamos a la cabaña para almorzar.

Para alguien como yo, que no había pagado la excursión, no pensaba que iba a tener algún cierto tipo de recepción, pero cuando entre al lugar me esperaba una mesa privada con un vinito descorchado. Un joven Malbec acompañado con una picada de quesos y fiambres fueron la entrada que dieron pie a un exquisito asado.

 

 

Fui partícipe de una comida de primer nivel. No sé si era por el tiempo que hacía que no comía asado o lo rico que estaba, pero me pareció un manjar. De frente a mi plato se encontraba mi cita, un ventanal de cinco metros con vista al glaciar Alvear y al ojo del albino.

El tinto se apoderaba lentamente de mí. Así como el vino suelta mi lengua, también lo hace con mis dedos. La música ayudaba y comencé a escribir algo que me surgió: “El vino relaja mis neuronas y enrojece mis mejillas, realza los sabores, embellece los paisajes y libera las risas más espontaneas. Cuanta satisfacción genera el vino acompañado con una buena comida. Nutre de alegría al corazón. Que placer estar vivo.”

Después de un café acompañado por un alfajor, cortesía de la casa, nos dirigimos hacia las camionetas para volver a la ciudad. Debía mandar algunos mails, editar algunas fotos y alistarme, ya que, por la noche, me esperaban a cenar mis amigos.

 

https://www.instagram.com/profe.marco

 

Acerca de Justo Dagorret

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