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Miguel Canuto cuenta la historia de su infancia, sus sueños, su familia y su realidad de un hombre nacido y formado en Río Tercero

La historia de Miguel (Parte I)

 

Por Justo Dagorret

Miguel Canuto (52) es uno de los pocos hombres reconocidos de la ciudad, que su figura atraviesa todas las clases de la soeciedad de Río Tercero. Su labor comunitaria en el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad de Río Tercero, le dio la notoriedad que hoy ostenta. .

 

Foto familiar. Miguel es uno de los tantos buenos valores que la sociedad ha formado en beneficio a los otros. Es por ello que tarde o temprano los nuevos proyectos políticos podrán contar con la experiencia de un hombre referente en tema de seguridad. La nueva etapa de Miguel Canuto atraviesa es ser parte del equipo de la precandidatura de Marcos Ferrer.

 

Además, de tener el reconocimiento de sus pares en materia de seguridad, en los últimos tiempos empezó a involucrarse en instituciones deportivas, como la del club de sus amores; el club Atlético Río Tercero.

Quienes conocemos al joven, al muchacho y al hombre podemos decir que Miguel “Dante” se ha ganado –como pocos- el derecho de ser recibido por todas las familias de la ciudad, ganado no sólo por ser un bomberil, también por ser una buena persona, valorada por un centenar de instituciones de la ciudad.

Miguel Canuto, nació en Río Tercero, hermano de Cristina (conocida contadora en la ciudad) y de Raúl, quien es comerciante, dueño de un negocio sobre calle Lavalle y Libertad de artículos de pesca.

¿Me puede contar sobre sus padres? Mi mamá se llama Elda conocida como Cuca (85) y mi papá Tito, que falleció hace unos meses. Ambos siempre vivieron en Río Tercero, de toda la vida . Abuelos españoles e italianos por parte de mi madre y mi padre criollo respectivamente.

A mi padre Tito lo tuve conmigo hasta grande. La nuestra es una familia muy unida y tengo que decir que me siento acompañado siempre.

Mamá fue ama de casa. Y mi papá trabajó en la casa comercial Hostal Bianchi, toda la vida y después siguió en el negocio de los hijos de Aniceto Hortal. Como si eso fuera poco, mi viejo trabajó mucho como perito para los bancos. Antes para sacar un crédito se necesitaba un perito y el encargado era Tito de ver las herramientas en el campo y cotizarlas en base al valor y así el crédito que le podían otorgar.

Don Tito era una persona totalmente honesta, imagínate que un banco confiaba en él.

¿Algo que ver con el exbanco ex Río Tercero? Si el cotizaba para el exbanco Río Tercero y para el banco Provincia como perito, luego mi viejo se jubiló. Pero él era empleado de comercio.

Hablemos de su infancia. Hice mi primario en la escuela Remedios de Escalada, después ingresé en el secundario a la Escuela Nacional de Comercio, y ahí conocí a Claudia “Pichi” Lorenzati, con solo quince años, con quién formamos una familia y tenemos dos hijos: Guadalupe (14) y Santiago (11).

¿Cómo inició esa alma bomberil? Primero se nace con la vocación, como el futbolista con el fútbol. Las ganas de ayudar vienen de chico.

Pero, ¿algo lo marcó? Me llamaba la atención algo. Te cuento que donde vivía en calle Libertad, al frente del comedor Don Armando, en mi casa paterna que actualmente vive mi madre. Al lado alquilaban una heladería que por aquellas épocas salieron los helados Frigor, que daban concesiones. Esa heladería la atendía un jefe de bomberos, Eduardo Cepeda, que hoy en día es parte de Comisión Directiva de Bomberos.

Él aparte de ser jefe de bomberos era radioaficionado y en aquellos entonces comunicarse con el mundo era una locura, no podía creer que una radio, que la tenía instalada arriba del auto con una gran antena, se comunicaba con el exterior.

Y eso me llamó la atención, por largas horas me quedaba a escuchar sus historias y eso me fascinaba, además me comentaba sus tareas de bomberos. Pero, cuando tocaba la sirena su adrenalina de salir de forma urgente para salir a ayudar me marcó.  

Con tan sólo quince años junto a los mellizos Jiménez que tenían una fábrica de guantes, Eduardo nos arrimó al cuartel de bomberos como aspirantes. Luego como todo jovencito, no había mucho lugar para salir a los incendios.

Era común, ir en bicicleta al frente del cuartel y llamarme la atención la salida de la autobomba -que hoy en día sigue estando, que es el vehículo número uno- y bicicleteaba detrás de la autobomba hasta los incendios. Luego regresé a los 17 años y no me fui nunca más.

No hay descripción de la foto disponible.

Era común ver a los antiguos bomberos, como hombres gigantes. Tal cual, cuando era joven verdaderamente todos se veían como muy poderosos, mi mente recuerda al “indio” Berrino, con unas espaldas enormes.

También ese era el estilo, tenían que tener esas condiciones fuertes, que todo se podía y con la fuerza bruta. Todo eso empezó a cambiar, ahora la capacitación, el conocimiento, el control emocional, pensar y con las técnicas se mejoró.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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