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¿Ser madre exclusivo de mujeres?

Asociar el amor, la ternura y la sensibilidad a lo femenino resulta tan absurdo en estos tiempos, donde las mujeres, han logrado y en parte recuperado derechos y privilegios que nunca la humanidad los tendría que haberles sacado.

La imagen de madre, principalmente va ligada al sufrimiento del parto, al de amamantar, el de acompañar a los hijos al colegio, y aún sinfín de tareas, pero en los últimos años la cosa definitivamente cambió para los hombres y para las mujeres.

Más allá de que sea una fecha emotiva para las madres, también debemos ser sinceros que el denominada Día de la Madre es una fecha marketinera, donde grandes promociones de negocios y tiendas invaden los medios de comunicación. Pero desde hace un tiempo la la tendencia ultrafeminista ha dejado una idea de cierto desapego de la función diaria de la maternidad.

Lo que de verdad me cuesta asimilar es que todos pareciéramos estar de acuerdo en que los padres son hombres y las madres son mujeres.

A los hombres, en algunos casos la época lo lleva a ocuparse, al igual que las mujeres a comprar pañales, llevar los hijos a la escuela, al jardín de infantes o a la plaza.

Los psicoanalistas asocian que la paternidad y la maternidad van de la mano del género. Ellos proponen los conceptos de función paterna y materna. Siendo la función materna sinónimo de cuidado y protección, y la función paterna la encargada de imponer la ley y la posibilidad de socialización del hijo.

La función materna es como tal la de: proteger, alimentar, cuidar, suplir las necesidades y brindar afecto al hijo, como un ser humano que nace en una posición de indefensión, la cual depende de un otro para sobrevivir.

Si lo paterno y materno son funciones no ligadas al género necesariamente, ¿por qué resulta que las madres son las que en la gran mayoría de los casos terminan criando a los hijos y no los padres? Cabría preguntarse si para ser madre hay que ser mujer y por el contrario, si para ser padre se debe ser hombre.

De la misma manera que los hombres no somos iguales a las mujeres, tampoco un hombre es igual a otro, ni una mujer lo es respecto de otra mujer. Más bien, cada uno ocupa la palabra padre o madre como pueda, sepa y quiera.

Las leyes como las costumbres reflejan este equívoco de confundir género con función generando así que gran cantidad de hijos se encuentren alejados de sus padres. Pero el problema no se encuentra sólo en los casos más graves, sino también en los que no lo son. Es decir, en las parejas bien constituidas, vale preguntarse: ¿cuántos padres y madres se ven privados de todos su potencial parental por asumir roles estancos como limitados?

No me refiero a que un padre se proponga darle de mamar a un hijo, pero fuera de la lactancia todos podemos asumir distintas funciones y divertirnos en el intento. 

Me parece importante aclarar que ni siquiera hablo de un cambio de época, aunque los tiempos sean otros que los de nuestros padres y abuelos en cuanto a los roles. Me refiero a que cualquiera que se pregunte profundamente acerca de qué es un padre y qué es una madre, no encontrará una respuesta unívoca. Aunque luego nos comportemos como si la hubiere. Es evidente que cada uno de nuestros respectivos padres asumieron su rol de manera diferente a otros primogenitores.

El día que nos animemos a cuestionar ciertos mitos y palabras habremos encontrado una salida a innumerables injusticias. Y de paso también habremos vivido deseos que ni siquiera sospechábamos posibles en cada de uno de nosotros.

Por último, recordar a las madres en su día, razón de este pensamiento.

 

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