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Pauny es una empresa argentina líder en el rubro metalmecánico, reconocida por la producción de una completa gama de tractores de mediana y alta potencia, y de una sólida maquinaria vial. En la actualidad tiene 575 empleados.

La historia de Pauny en defensa de la industria nacional

POR JUSTO DAGORRET

La historia de Pauny es una historia de vida, es un destello en la oscuridad. Es el ejemplo de una industria enclavada en el corazón de la ciudad de Las Varillas,  provincia de Córdoba. Cómo Fábrica Militar lo era en los años´70 y ´80 para la ciudad de Río Tercero, la ex Zanello era para la ciudad del este cordobés.

Uno de sus refundadores, el empresario José María López, fue clave en la recuperación del ícono de la industria nacional. Hoy con una red de concesionarios afirmada y con proyección internacional Pauny representa el estandarte argentino.

Para la ciudad de Las Varillas, es de vital importancia la permanencia y existencia de Pauny S.A. Esta resurgió de la necesidad de demostrar que todo puede ser posible.

 

Décadas difíciles y economía reinante sin rumbo. Por aquellas épocas en el 1990/2000/2001 la economía en la Argentina sufría las inestabilidades políticas.

En los ´90 por un lado la Alianza reinaba con Fernando de la Rúa y por aquellos tiempos la ciudadanía con el voto popular respaldó ese proyecto político y económico. El resultado no sólo no cambió nada, sino que profundizó el modelo de convertibilidad, con las consecuencias más temidas: pobreza y desocupación. Además, el FMI sostuvo el aval de mantener la convertibilidad a costa de un alto endeudamiento externo.

Ya en el 2001, los Ministros de Economía; José Luis Machinea, Ricardo López Murphy y luego Domingo Cavallo mostraban un camino ortodoxo y la convertibilidad fue una realidad. Un dólar un peso argentino. De este último llego el megacanje, lo que generó un endeudamiento mayor (40 mil millones de dólares) de deuda externa. Por lógica los daños colaterales empezaron con el aumento de quiebras de empresas y la temida desocupación.

Cómo dato jurídico la ley de quiebras de ese momento no permitía la continuidad de empresas en manos de los trabajadores, y exigía en el corto plazo la liquidación del activo, impidiendo cualquier continuidad.

Y cómo si el destino castigara a un pueblo trabajador y a las pymes llegó el recordado  «corralito» a los depósitos bancarios. Estos sucesos marcaron el 2001 para sentenciar el debacle del gobierno de la Rúa.

Zanello en concurso.. La empresa se encontraba en Concurso de Acreedores desde 1991, y durante diez años, había gambeteado sus problemas y falencias. En 1996 la empresa facturó 160 millones de dólares anuales, pero una administración deficiente, la situación de la Argentina y la devaluación del real brasilero precipitaron la caída de Zanello.

La industria nacional en lucha. La empresa Zanello tuvo años brillantes y fueron en los años 1984, 1985, para luego en 1987 quedar al borde de la quiebra, los historiadores comentan que ese final fue evitado con la unión de grupo Koner Salgado. Repitiendo los ciclos el año 1989 fue un buen año para Zanello, la producción crecía y todo parecía normal.

En 1991 entró en concurso, teniendo luego 1996 y 1997 con 4.250 tractores vendidos. Pero en 1999 volvieron los problemas. El pasivo de la empresa rondaba los 50 millones de pesos/dólares.

Baja de las ventas,  demora en entrega de maquinarias, cambios de cheques y la suspensión del 85% del personal fueron las señales que “Zanello” llegaba a su fin.

 

La situación del país, no distaba mucho de lo que ocurría en la localidad de Las Varillas. Inmediatamente resurgieron los planes Trabajar y se empezaron a gestionar los fondos de desempleo. La desolación y desamparo de las frías oficinas se contrastaba con la ganas de lucha y las esperanzas de volver a ser una empresa con trabajo.

 

Por aquellos tiempos, el matutino La Voz del Interior retrataba gente gritando, reclamando, haciendo ollas populares frente a la fábrica, quemando gomas o saliendo con una bolsita de porotos negros. El pueblo trabajador resistió en sus puestos.

 

Los daños colaterales en el pueblo de Las Varillas fue evidente: cerraron muchos negocios. La postal diario de muchos empleados, al ver que la situación estaba día a día peor, se dedicaron a hacer changas en el pueblo, sin embargo llegó el momento que no quedaban malezas para cortar, ni puertas que pintar.  Un pueblo que había crecido de la mano de una fábrica ya no les ofrecía oportunidades.

Por el costado político el presupuesto de la Municipalidad estaba direccionado a la asistencia social. A pesar de ello, los empleados de la ex Zanello permanecían en la fábrica.

 

PASARON DOS AÑOS SIN COBRAR Y LO POCO QUE ENTRABA LO DIVIDÍAN ENTRE TODOS

 

Un destello en la oscuridad. Al tiempo que se degradaba la calidad social de los vecinos y trabajadores de la ex Zanello, los intentos por salvar la empresa no se detenían.

La falta de reacción de los ex propietarios fue remplazada por la voluntad de los trabajadores. La senal fue que se construyó un máquina fuera de la fábrica, en el taller de Lucaal y con ese dinero ver al juez para levantar la quiebra y así disponer de los bienes para empezar de nuevo

Tras el decretamiento de la quiebra en el 2001, y la incorporación del apoyo de los gobernantes, trabajadores y privado,s se empezó a vislumbrar una luz al final del camino. La creación de una sociedad anónima con el nombre Pauny, con el primer directorio era el camino: Raúl Giai Levra, José María López, Fabián Bustos, Omar Pérez y Eduardo Vicari.

Inmediatamente una vez que la empresa tenía un nuevo comando, Pauny elaboró un plan de negocios: la venta de 120 tractores en el año, y un aporte de capital en préstamo de parte de la red de concesionarios de 200 mil dólares para el comienzo de la producción.

PAUNY ESTABA DE PIE Y EN MARCHA

La política clave en la recuperación de la industria . Para el inicio con la marca Pauny la empresa necesita de recursos genuinos y es por ello el próximo paso era comprar el crédito del Banco Provincia de Córdoba, que era el más importante dentro de la quiebra y para ello se necesitaba el aval político.

En setiembre de 2002, el presidente de los argentinos era Eduardo Duhalde, en la provincia el gobernador era José Manuel de la Sota y el ministro de Producción provincial el contador Juan Schiaretti.

 

Duhalde, en noviembre del mismo año, visitó la fábrica, era la primera vez que un presidente visitaba la ciudad de Las Varillas. Las expectativas seguían en marcha y la evolución de la economía nacional era un necesidad de los sectores productivos de la Argentina.

 

En 2003 se inició con ventas sostenidas con el objetivo de fabricar 40 tractores mensuales, también con las ventas se empezaron proyectos ambiciosos como el desarrollo de nuevas maquinarias y la presentación de las nuevas tecnologías en Expochacra tenía un solo fin: comprar la fábrica.

El desafío de la compra estaba en marcha, y José María López y Raúl Giai Levra aseguraban que las gestiones estaban orientadas no sólo al ámbito del juzgado sino también al espectro político. Luego de la quiebra, la justicia ordenó subastar la firma Zanello, que lo tenía en forma precaria a Pauny SA.

En la subasta, participaron Pauny y dos UTE, Agrinar SA y Altos Hornos Zapla SA,, ambas empresas pertenecientes al grupo Toselli. Y como si tratara de una serie de Nexflix,  para la adquisición final de las instalaciones de la fábrica, la oferta empezó en 5.5 millones de pesos y finalmente Pauny pagó 25 millones de pesos.

 

 

Por el lado político cordobés el gobernador por esos tiempos De la Sota, confirmó la compra de los primeros 20 minubuses. El Ministro de Producción de Córdoba era Juan Schiaretti

 

Y por último, el ex presidente Néstor Kichner en su visita a la fábrica de tractores hizo entrega de un decreto que la transformaba a Pauny en la primera industria enteramente nacional y además anunció un apoyo crediticio de 25 millones de pesos para la empresa.

La empresa recibió un  cheque de 9 millones de pesos que fue con garantías personales de Giai Levra, José María López, Serra Y Caputo. Meses más adelante el juez les otorgó la adjudicación definitiva de la planta fabril, que incluía la fundición y las oficinas comerciales.

Había llegado el día por el que tanto habían luchado. En ese momento dejaron el calvario que los trabajadores, directivos, familiares y toda una comunidad habían vivido y empezaron a sentir definitivamente que la fábrica era de ellos.

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